Desde el bien principal a un bien sustituto.


En economía, la ley de la oferta y la demanda dice que si al consumidor, un producto se le torna imposible de obtener por determinantes como el precio, este consumidor buscará un bien sustituto que cubra su necesidad inmediata y que tenga un menor costo, aunque esto signifique que la calidad del producto baje considerablemente o bien termine por consumir otro producto que cubra similares necesidades pero finalmente un producto diferente.
Lamentablemente hoy vemos que muchos se han acostumbrado a vivir buscando un bien sustituto para sus vidas espirituales, se han acostumbrado a vivir con emociones que se parecen mucho a la presencia de Dios, es mas fácil adquirirlas, no requieren un gran sacrificio, emociones que actúan como bienes sustitutos al bien principal que es la presencia de Dios, nos hemos acostumbrados a llorar un poquito y escuchar un buen mensaje pero nada de eso provoca el cambio que la presencia de Dios provoca en nuestras vidas, nos hemos conformado a vivir sin la presencia de Dios y solo vivir con productos sustitutos. Para aquel hombre y aquella mujer que nunca a tenido un encuentro verdadero con Dios le es fácil optar por un bien mas barato y efectivo, pero aquel hombre que ha tenido un verdadero encuentro, es como aquel borracho que iba a la cantina y todos los fines de semana, cuando recibía su sueldo gastaba todo su dinero en el mejor vino, no tenia para comprarse un gran jeans, no tenia para comprar una gran camisa, solo tenia para comprar el mejor vino, porque el decía si voy a beber, si voy a olvidar mi tristeza, lo voy a hacer con el mejor vino, hoy debemos ser como ese borracho, no podemos beber otra cosa que no sea este vino, tiene que ser ese o nada. Amigos no cambiemos lo principal por un sustituto, la persona que ha tenido un verdadero encuentro con Dios no puede vivir sin la presencia de Dios, nos puede faltar cualquier cosa, pero jamás nos puede faltar la genuina presencia de Dios en nuestras vidas.

Amigos, si haz estado inquieto este último tiempo, porque sientes que necesitas de Dios, atrévete con Él de una vez, quizás significa pagar un gran precio, pero te aseguro que tendrás felicidad principal, sanidad principal, libertad principal y no sustitutos.

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